“La nueva sociedad en red nos permite estar cada vez más conectados pero, asombrosamente, parece amenazarnos con dejarnos cada vez más solos.”
Fragmento del libro “El Futuro” de Eduardo Anguita y Alberto Minujín.
Navegando por distintas páginas de Internet me llamó la atención una noticia publicada en un portal cuyo título decía: “La Máquina del suicidio 2.0”. Inmediatamente pensé: ¿Cómo es matarse de manera virtual? Al comienzo de la nota se comentaba la aparición de un sitio Web en el que se le promete al usuario librarse de las redes sociales, es decir: eliminar todos los datos de las cuentas y desactivarlas, impidiendo su posterior recuperación. Mas adelante el articulo destacaba lo siguiente:”Es una idea genial, siempre y cuando exista alguien que le obsesione la privacidad, o simplemente no sea capaz de autocontrolarse con el uso de las redes sociales.” ¿Cuanto de paranoia y cuanto de realidad? ¿Estamos frente a un nuevo paradigma de lo que llamamos privacidad? Umberto Eco en su texto “A paso de cangrejo” escribe: “El nombre es una propiedad privada, y al hacerlo público se le quita al portador una parte de la privacidad.” Pero esto no parece acercarse del todo a la realidad que vivimos con el Facebook y Twitter, donde las personas tienen una especie de pulsión exhibicionista en mostrar un poco de su intimidad. De esta manera, continuando con el semiólogo y escritor italiano queda explicado con las siguientes palabras: “Creo que una de las grandes tragedias de la sociedad de masas, la sociedad de la prensa, la sociedad de la televisión y de Internet, es la renuncia voluntaria a la privacidad.” El autor en ese mismo texto se refiere al cotilleo, que en la antigüedad generaba vergüenza para la persona de quién se hablaba. En contraposición a esto y siguiendo con la teoría de la perdida de la privacidad, tenemos los programas de chimentos donde desfilan un sinnúmero de personajes que están dispuestos a contar hasta lo más íntimo de su vida con tal de aparecer en cámara. “Ser objeto de cotilleo (público) se fue convirtiendo en signo de estatus social.” decía Umberto Eco.
Por mi parte creo que la privacidad compartida en la red es un nuevo subproducto generado por las industrias culturales (pertenecientes a la clase dominante) para controlar de manera no tan coercitiva (al menos a simple vista) al resto de la sociedad.
Notas:
Máquina del suicidio en: http://suicidemachine.org/
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